Ligeros montículos de sensibilidades suaves. De pieles cálidas que contenían temblores y escalofríos, fuegos y debilidades, pasiones y deseos, apatías reprimidas o fuerzas escondidas que esperaban el momento de ponerse a trabajar.
Pasar simplemente un dedo son suavidad por encima de sus lomas, podía suponer la vuelta a la vida, el movimiento, el deseo, tal vez incluso el lujo de sentirse vivo en compañía.
La suavidad puede acompañar a la suavidad para mover los hilos del antojo, la pasión, la voluntad de levantarse y mirar a los ojos. De revivir la quietud del silencio.
Nota.: La imagen es una fotografía de Félix Navarro de la exposición CAI Luzán, "Paisajes"
Nota.: La imagen es una fotografía de Félix Navarro de la exposición CAI Luzán, "Paisajes"
